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Capitulaciones matrimoniales. Que son y cuando conviene otorgarlas

Las capitulaciones matrimoniales es un contrato que se realiza ante notario, a través del cual los cónyuges pueden estipular, modificar o sustituir el régimen económico que va a regir durante su matrimonio.
Cuando una pareja se casa lo hace con el convencimiento absoluto de que el matrimonio lo será para toda su vida, y por ende construirán y disfrutarán de un patrimonio en común. El simple hecho de tratar la posibilidad de que esto no sea así puede concebirse con cierta desconfianza y generar distanciamiento en la pareja. Lo que conlleva, en la mayoría de los casos, a que los cónyuges no se planteen el régimen económico que quieren que se le aplique durante el matrimonio. Pero aunque puede ser un tema controvertido, es importante conocer las ventajas que comporta hacer capitulaciones matrimoniales, especialmente ante determinadas circunstancias, ya que se podrían evitar muchos problemas económicos futuros.
Por eso, lo más recomendable es que, antes de casarse, los novios planifiquen el régimen económico que les sea más conveniente, atendiendo a sus intereses, pudiendo incluso otorgarse antes de la celebración del matrimonio siempre y cuando este tenga lugar en plazo inferior a un año.

El Código Civil regula los siguientes regímenes económicos matrimoniales:
– GANANCIALES: Si se aplica este régimen, los cónyuges hacen comunes las ganancias obtenidas indistintamente por cualquiera de ellos, quedando fuera de la sociedad de gananciales, entre otros, los bienes que le pertenecieran a cada uno de ellos al comenzar la sociedad y los que adquieran por herencia, legado o donación. Merece una mención especial el hecho de que los bienes gananciales responden de las obligaciones contraídas por los dos cónyuges conjuntamente o por uno de ellos con el consentimiento expreso del otro. Una vez que se disuelva dicho régimen, las ganancias que se hubiesen obtenido, se repartirán por mitad entre los cónyuges.
– SEPARACIÓN DE BIENES: Pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquiera por cualquier título.
– PARTICIPACIÓN: Cada uno de los cónyuges adquiere derecho a participar en las ganancias obtenidas por su consorte durante el tiempo en que dicho régimen haya estado vigente.

El régimen económico matrimonial será el que los cónyuges pacten en capitulaciones matrimoniales. En su defecto, se aplicará el régimen económico supletorio, que variará en función de si estamos en un territorio en el que se aplica el derecho común o el derecho foral.
En el derecho común, salvo que los cónyuges pacten otra cosa en capitulaciones matrimoniales, el régimen económico aplicable es el de gananciales. No obstante, en las Comunidades Autónomas con derechos forales propios, se aplicará la normativa especial en materia matrimonial. En el caso concreto de Galicia, la Ley del Derecho Civil de Galicia prevé que, por defecto, sea el régimen de gananciales el que se aplique a los cónyuges, salvo que éstos expresamente pacten otra cosa. Sin embargo, recientemente, ha surgido el debate de una posible reforma de la ley gallega, que entre otras cuestiones, contempla modificar el régimen económico matrimonial supletorio, pasando del actual régimen de gananciales, al de separación de bienes.

Sin duda, es el régimen de SEPARACIÓN DE BIENES, el más recomendable cuando los contrayentes tengan un patrimonio anterior o prevean que lo tendrán durante el matrimonio; además con este régimen evitarán problemas en caso de una futura ruptura, agilizando los trámites de la separación, debiendo repartir únicamente los bienes comprados en común. Pero además, resulta aconsejable en el caso de segundas nupcias, cuando cada uno de los contrayentes ya disponga de un patrimonio anterior. Y especialmente, cuando uno de los cónyuges tenga negocios o se dedique a una actividad profesional que ponga en peligro el patrimonio familiar, pues con la separación de bienes las obligaciones contraídas por cada cónyuge serán de su exclusiva responsabilidad.
Finalmente, hay que tener en cuenta que las capitulaciones matrimoniales exigen el requisito de la publicidad, por lo que habrá que inscribirlas en el Registro Civil para que surtan efectos frente a terceros. Además, si afecta a bienes inmuebles, también deberán inscribirse en el Registro de la Propiedad, y en el Registro Mercantil si uno de los cónyuges fuese comerciante.

Yolanda Fernández Fernández. Abogada

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Trámites Herencia

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Con el fallecimiento de un ser querido surge el problema de cómo tramitar su herencia. ¿Qué debemos hacer para iniciar la tramitación de la sucesión? A continuación se detallan, con carácter genérico, los pasos a seguir para su gestión:

  1. Lo primero que hay que hacer es solicitar el Certificado de defunción en el Registro Civil del lugar donde ocurrió la defunción.
  2. Para saber si el fallecido ha otorgado o no testamento, habrá que solicitar, una vez transcurrido quince días hábiles a partir de la fecha de defunción, el Certificado del Registro General de Actos de Última voluntad, al Ministerio de Justicia mediante la presentación de un impreso oficial, acompañado del certificado de defunción.
  3. Si hay testamento, la herencia será Testamentaria y los bienes y derechos se trasmitirán del modo en que el fallecido hubiese dispuesto en el testamento. Para poder disponer de los bienes y derechos del causante los herederos testamentarios deberán solicitar una copia autorizada del testamento al Notario que la otorgó.
  4. Si no hay testamento, habrá que obtener una declaración de herederos legales (ab intestato) que se otorga  ante el notario (cuando el fallecido haya dejado cónyuge viudo, descendientes o ascendientes)  o el juez de Primera Instancia (para los demás herederos).
  5. Determinados los herederos, deberá hacerse un inventario de los bienes y las deudas del difunto.
  6. A continuación, deberá procederse a la aceptación y adjudicación de los bienes. Si son inmuebles, se hará por medio de escritura pública notarial; en los demás casos podrá hacerse mediante documento privado.
  7. Ya por último, y siempre en el plazo máximo de seis meses desde el fallecimiento, habrá que liquidar el impuesto de sucesiones. A la hora de liquidar el impuesto, hay que tener en cuenta las siguientes consideraciones:
  • Al caudal hereditario se le aplicarán las reducciones que correspondan, de carácter subjetivo (como son las de parentesco, discapacidad), o de carácter objetivo (como la adquisición de vivienda habitual, bienes y derechos afectos a una actividad económica, explotaciones agrarias).
  • Al resultado obtenido, se aplicará la siguiente escala de gravamen (de acuerdo con lo dispuesto en el Decreto Legislativo 1/2011, de 28 de julio, por el que se aprueba el texto refundido de las disposiciones legales de la Comunidad Autónoma de Galicia en materia de tributos cedidos por el Estado)
  • Una vez obtenida la cuota íntegra, aplicaremos el coeficiente multiplicador, en función del patrimonio preexistente del contribuyente y del grupo, según el grado de parentesco.
  • Finalmente, para obtener la cuota tributaria a ingresar, restaremos las deducciones y bonificaciones (como las adquisiciones mortis causa por sujetos pasivos del grupo I y la deducción por parentesco).

8. Liquidado el impuesto se puede tomar posesión de lo que corresponde a cada heredero.

Tipo aplicable del Impuesto de Sucesiones, varia dependiendo de la base liquidable y del parentesco, así, para los descendientes y adoptados, cónyuges y ascendientes, el tipo será progresivo entre el 5% y el 18%; y para los colaterales,  ascendientes y descendientes por afinidad y extraños, el tipo será de entre 7,65% y 34%.

Yolanda Fernández Fernández. Abogada
David Alfaya Massó. Abogado